domingo, 11 de septiembre de 2016

11-S Chileno


El 11 de septiembre de 1973 el presidente Salvador Allende es derrocado por Augusto Pinochet. Allende, electo en 1970 como presidente de Chile gracias al apoyo popular, pero sin la insurrección armada de una revolución socialista normal, utilizando el precepto revisionista de la “transición pacífica” al socialismo, decidió inclinar su sistema a «organizar a los trabajadores para que haya un acuerdo con la burguesía nacional para que renuncien a sus propiedades y sus privilegios, con un programa de limitadas reformas sociales dentro del capitalismo, donde el Estado maneje los recursos económicos estratégicos y fomente el desarrollo de un capitalismo nacional» (Malatesta, 2015).


Pinochet y Allende
La burguesía no se quedó quieta e inicio catalizarse su malestar, el de los sectores más conservadores del ejército y de la sociedad chilena, hacia Augusto Pinochet; ante lo cual el gobierno chileno decidió en 1973, tras la renuncia obligada de Carlos Prats fue de sus cargos como ministro de Defensa y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, poner a Pinochet en lugar de Prats, creyendo en el “civilismo” de los militares.

El hecho se produjo con el apoyo del imperialismo norteamericano dirigido en ese tiempo por el presidente Richard Nixon y el secretario de Estado Henry Kissinger, quienes desde la campaña electoral chilena de 1970, no habían dejado de confabular contra Allende, con planes como el “Plan Korry” al tener temor ante la expropiación de todas las corporaciones extranjeras, la nacionalización de la banca, y otras medidas que hubiesen puesto a su país rumbo al socialismo arruinando los intereses capitalistas.

Tras haber ganado Allende, los capitalistas iniciaron el sabotaje de la economía chilena haciendo que los «bancos congelaran créditos y el gobierno estadounidense congeló la ayuda económica…Se enviaron agentes de la CIA a sabotear la economía y fomentar un movimiento de oposición contra el gobierno de Allende con los lock out patronales, como la huelga de camioneros que paralizó el sistema de transporte» (Malatesta, 2015).

Ya el 29 de junio de 1973 las fuerzas contrarrevolucionarias habían organizado un intento de golpe de estado, liderado por el teniente coronel Roberto Souper, con lo cual el pueblo pidió a Allende las armas para poder defender el gobierno socialista, pero Allende confiando en la “transición pacífica” no les entrego las armas al pueblo trabajador y para empeorar la situación impulso requisas en las fábricas para desarmarlos, lo cual afectara la defensa del gobierno en el siguiente golpe.

Pinochet ya el 11 de Septiembre se hallaba preparado se dispuso a seguir los deseos de Nixon, los Rothschild y los Rockefeller, e iniciar el golpe de estado. Desde temprano las fuerzas armadas tomaron la ciudad de Santiago, mientras Allende de su residencia de Tomás Moro, se dirigió armado y con un grupo de amigos al palacio de La Moneda.

A las 10:30, los tanques reaccionarios abrieron fuego contra La Moneda. Les siguieron las tanquetas y la infantería. Pinochet exigió una rendición incondicional. A las 11:52, los cazabombarderos Hawker Hunter iniciaron su ataque a la Moneda, disparando en cuatro oportunidades sus cohetes sobre la casa de Gobierno. A las 14:20 de la tarde el general Palacios envió a un grupo de soldados a derribar la puerta del Palacio acabado el gobierno socialdemócrata y siendo remplazado por el fascismo de Pinochet que en los siguientes 16 años se dispondría a iniciar el asesinato de comunistas.
«Nikita Jrushchov y la corriente socialdemócrata que los abraza,… siguen cosechando fracasos como el vivido en Chile con el derrocamiento del presidente Salvador Allende, por el fascista general Pinochet, y tiene en vilo a los llamados “gobiernos alternativos” resultantes de procesos de masas y electorales que no parieron revoluciones.» (Partido Comunista de Colombia (Marxista‒Leninista), 2016)
La caída y muerte del gobierno de Salvador Allende es una clara muestra del fracaso de la teoría revisionista de la “transición pacífica” del capitalismo al socialismo. La revolución armada es la única vía hacia el socialismo, porque esta desarmar el aparato depresor de la burguesía, el ejército nacional, y la remplaza por un grupo armado fiel al socialismo que lo defienda ante la reacción burguesa, el ejército popular. Sin ejército popular la revolución no podrá permanecer en el poder, no podrá defenderse ante la reacción de los capitalistas, los cuales no renunciaran fácilmente a sus privilegios.

Allende dijo el 29 de junio de ese año: «Si llega la hora, armas tendrá el pueblo». El tenía que saber que la revolución necesita que el pueblo tenga las armas, no se puede permitir al ejército nacional, que durante la dictadura del capital sirvió de aparato depresivo de este sistema, continuar en el poder de las armas, haciendo fácil a los burgueses derrocar al régimen popular, desde un inicio de los atentados contra el regimen socialista se debió dar al pueblo las armas, porque solo con las armas en manos del pueblo, estos se podrán librar del capitalismo.

Bibliografía


Partido Comunista de Colombia (Marxista‒Leninista). (1 de Marzo de 2016). La paz y la vía al poder. Unidad y Lucha(32).
Partido Comunista de Colombia (Marxista Leninista). (Mayo de 2014). Vigencia histórica y necesidad de la violencia revolucionaria. Unidad y Lucha(28), 183.